Alrededor de un millón de españoles sufre cortes de la respiración mientras duerme. Sin embargo, sólo el 15 por ciento de estas personas es consciente de padecer una enfermedad. Y eso precisamente es la apnea del sueño: una enfermedad que puede provocar problemas cardíacos y la muerte súbita, pero que debidamente controlada se podría evitar.
Tener un sueño tranquilo y reparador es algo que deseamos todos. Más aún, es algo que necesitamos todos para desprendernos del cansancio y el estrés de la jornada que finaliza y volver a estar en condiciones de enfrentarnos al reto que supone un nuevo día. Sin embargo, no todos pueden “dormir como troncos”, y no siempre a causa de las preocupaciones que nos embargan.
Hay, en efecto, un trastorno del sueño que, bajo la denominación médica de “apnea”, consiste en el cese, sería bastante más acertado decir la disminución, del flujo aéreo en la nariz y en la boca durante el sueño, y que tiene como consecuencia una menor oxigenación de la sangre.
Para diagnosticar una apnea, este trastorno ha de prolongarse al menos durante diez segundos y producirse varias veces, cinco como mínimo, en el transcurso de la noche. Los ronquidos, cuando se dan, son un fenómeno acompañante que pueden contribuir a agravar la apnea, pero que en ningún caso la causan.
En realidad, serla más propio hablar de “apneas”, en plural, pues se conocen tres modalidades de esta patología. La apnea central, la menos frecuente, es la producida por defectos en la regulación neurológica de la respiración. La obstructiva, que es la más común, es el resultado del estrechamiento de las vías respiratorias. Existe, por último, una modalidad mixta que aúna ambos mecanismos de producción.
La apnea obstructiva es una enfermedad crónica que, como tal, necesita tratamiento. En realidad no hay demasiadas investigaciones que arrojen claridad numérica sobre la extensión de este problema. Tan sólo sabemos que esta forma de disturbio de la oxigenación durante el sueño afecta a menos del 5% de la población, por lo general a varones mayores de 40 años, que, además, son obesos y roncadores.