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El deporte es de suma importancia en la prevención de enfermedades de las vías coronarias y el corazón. El ejercicio físico regular de tipo aeróbico reduce efectivamente el riesgo de enfermedades de las coronarias. En el curso de un ejercicio físico el corazón bombea más velozmente y mejora la propia eficiencia. Los ejercicios de tipo aeróbico protegen al organismo de los riesgos de la arteriosclerosis, que pueden llevar al infarto de miocardio.
Hoy está claro: el deporte actúa seguramente contra las cardiovasculopatías. No hace mucho que se tiene esta certeza. Hacia los años 70 entre los científicos se comenzó a difundir la opinión a favor de la práctica deportiva (jogging en particular, ciclismo, trekking) en la casi seguridad de que sería bueno para combatir los daños provocados por el sedentarismo. Varios fueron los estudios que confirmaron aquella hipótesis. Las indicaciones de máxima habían llevado a concluir que los maratonistas podían ser inmunes a la arteriosclerosis coronaria. La hipótesis era sin dudas atractiva, pero bien pronto pareció científicamente atacable: en los hechos aparecieron numerosos casos de corredores y maratonistas aparentemente sanos que sufrieron un infarto durante una carrera.
