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Bucear en vacaciones


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Todo lo que tiene que saber para elegir un buen instructor. Este deporte puede ser practicado en muchos lugares de veraneo, pero para realizar inmersiones con un tanque se pueden elegir dos caminos: hacer un curso que dura algunas semanas para obtener el carnet o bajar una sola vez con un instructor para lograr lo que se conoce con el nombre de «bautismo», es decir, sumergirse con el profesor, quien guiará todos sus movimientos (desde la colocación del equipo hasta que regrese a la costa).

Pero, para tener una buena experiencia es necesario encontrar un profesor responsable que cumpla los siguientes requisitos:

• Verifique que el instructor a cargo tenga el carnet que lo matricula como instructor.

• Lo primero que le harán firmar es un papel en el que usted asegura que no padece ninguna enfermedad ni está embarazada, para el caso de las mujeres (las personas con asma, sinusitis, epilepsia y problemas cardíacos y de oídos no pueden realizar esta actividad).

• Antes de bajar en el mar, se hace una clase con todo el equipo puesto (tanque, visor, etc) en la pileta. De esta forma, se aprende a respirar debajo del agua, a hacer las señales necesarias para comunicarse en la profundidad, a descomprimir al subir y bajar para que los oídos no sufran por la presión y a sacar el agua que pudiera entrar en el visor.

• A la hora de bajar, el instructor debe estar con usted en todo momento, en muchos casos, lo llevarán de la mano. No debe descender más de 12 metros.

• El día que va a bucear debe comer muy liviano, no tomar ninguna bebida alcohólica y no viajar en avión, hasta por lo menos 12 horas después del descenso, ya que su cuerpo debe expeler el gas nitrógeno que respiró durante la excursión.

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Qué es una Casa Rural


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En el otro extremo, se distingue entre Casa Rural de Alojamiento Compartido y Casa Rural de Alquiler. En la primera, el dueño comparte el uso de la vivienda. Esta división, más la obligatoriedad de realizar un curso previo para ser titular, son dos de las diferencias básicas con respecto a la regulación anterior en esta misma Comunidad.

Para que una hacienda reciba la calificación de “Casa Rural” según esta legislación, debe tratarse de una vivienda tradicional o ajustarse a las características de la zona geográfica en que se ubique; además, ha de estar enclavada en una población de menos de 1.500 habitantes o fuera del casco urbano.

El máximo de plazas es de catorce, y las habitaciones, así como las zonas comunes, comedor, salón y baños, habrán de estar dotadas de calefacción. El decreto exige, al menos, un cuarto de baño, equipado, como mínimo, con inodoro con cierre hidráulico, lavabo y ducha o media bañera con agua caliente y fría, espejo encima del lavabo y toma de corriente…, botiquín de primeros auxilios.., por cada seis plazas en las de alojamiento compartido. Las alquiladas, por su parte, dispondrán de un baño si la capacidad es igual o inferior a ocho plazas, y de uno más, si excede de ese límite.

La legislación del Principado de Asturias es similar a la navarra, salvo en que limita a diez la capacidad máxima de las casas y rebaja la cifra de personas por baño a cinco. Lo mismo sucede con el proyecto canario, en el que se hace hincapié en que la tipología tanto exterior como interior y de mobiliario deberán ser acordes con las de Canarias. En este caso, se hace extensiva la denominación a determinados hoteles.

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Diarrea en las vacaciones, viajeros atención

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La llamada “del viajero” difiere un poco de otro tipo de diarreas porque suele ir acompañada de dolor abdominal, náuseas, vómitos y sensación de urgencia. La víctima típica de este trastorno es el turista que, tras abandonar la urbe después de once meses de duro trabajo, se lanza con avidez al descubrimiento de nuevas culturas, gentes y paisajes cuya higiene en ocasiones deja bastante que desear.

Con lo que nuestro personaje no contaba es con que, en la primera o segunda semana de estancia, iba a toparse con una infección gastrointestinal que haría muy difícil su deambular por los nuevos parajes que tanto anhelaba. Pero el hecho de que esta afección persiga nada menos que a la mitad de estos viajeros, no quiere decir que sea difícil de evitar.

Sólo hay que tener en cuenta una serie de precauciones relativas al consumo de alimentos y bebidas para prevenir su desarrollo. La regla de oro es no consumir frutas sin pelar, verduras crudas, carnes o pescados crudos o poco hechos, ni leche o derivados que no ofrezcan garantía de salubridad.

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El turismo ecológico o rural

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Para unos se trata de dar un sabor, una chispa diferente a las vacaciones, de pasarlas alejados de los destinos turísticos más habituales y concurridos; para otros es el último recurso, hasta ahora, que quedaba por explotar. Hacer vida sana, laborar en el campo, compartir vivienda con los señores del castillo o de la granja…

Primero fue el turismo romántico, ese que retratan tan bien las películas inglesas: aquellos viajes desde Gran Bretaña a las exóticas Italia o España. Convivía con él esa otra modalidad reservada a las grandes capitales: el gran turismo a bordo de trenes continentales, de trasatlánticos o incluso de los grandes hidroaviones que amarraban en el lago Victoria. Esa estampa romántica se fue llenando poco a poco de gente hasta que fue difícil, casi imposible encuadrar una fotografía en la que no saliera algún turista.

Sobre este telón comenzó a desarrollarse, hace un decenio, un turismo centrífugo e interior, una forma diferente de viajar y visitar países: el turismo rural, en todas sus vertientes y posibilidades. Comenzó de forma tímida, pero su expansión ha sido tan rápida, que corre el peligro de enfermar del mismo mal que aquejaba a las modalidades anteriores: la masificación.

Sin embargo, no se trata sólo de pasar las vacaciones o unos cuantos días de ellas en sitios favorecidos por el paisaje y apartados de las rutas turísticas al uso, sino de conocer los lugares conviviendo con sus moradores, compartiendo el salón con los dueños de la casa y, si se quiere, participando en tareas agrícolas o ganaderas cuando éstas sean las actividades habituales de la hacienda.

El riesgo fundamental que se cierne sobre esta forma de turismo es el derivado precisamente de su éxito. Si funciona bien y los ingresos por esta partida son considerables, el futuro puede deparar una mayor presión turística y la reconversión de un buen número de pensiones u hotelitos.

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Turismo aventura y salvaje, ojo con las enfermedades

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Cada año, doscientos millones de turistas occidentales visitan países calificados como exóticos, pero que, en realidad, son ciudades que están en desarrollo, con unas condiciones sociosanitarias deficientes, asi como zonas rurales poco pateadas por el hombre y en las que sobrevuelan muchos insectos que pueden causar graves enfermedades al viajero y hacer que su viaje sea “inolvidable”.

Por eso, a la hora de viajar a cualquiera de estos países hay que tener en cuenta la situación inmunitaria del propio turista, la del país de destino y la duración de la estancia; si ésta es superior a 15 días, es preciso tomar precauciones. Estas precauciones abarcan desde medidas higiénicas, como beber agua embotellada o tomar alimentos cocinados, hasta vacunarse contra las enfermedades de mayor prevalencia en cada zona endémica. Aunque, la única vacuna obligatoria en la actualidad es la de la fiebre amarilla, hay una serie de vacunas recomendables, como son las del tétanos, la polio, la fiebre tifoidea, la meningitis y las hepatitis A y B.

Los expertos en medicina tropical establecen cuatro grandes grupos de viajeros de acuerdo a las enfermedades que contraen. Empiezan por aquellos que padecen enfermedades digestivas, como gastroenteritis y diarreas, entre otras; les siguen quienes padecen otitis, tosferina y otras patologías de las vías respiratorias; en tercer lugar están las enfermedades de la piel, sobre todo quemaduras y picaduras; el último lugar lo ocupan los viajeros afectados por virus y protozoos, como la hepatitis A y B, la fiebre amarilla, el sida el dengue o la malaria.

Muchas de ellas son enfermedades importadas que. en la antigüedad se iniciaban a bordo de los barcos, y, ahora, debido al colosal aumento del tráfico aéreo, se manifiestan cuando el viajero ya está de vuelta en casa.

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Muchos países, muchas enfermedades, atención viajeros

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Concretamente la diarrea del viajero es el trastorno más frecuente, especialmente en los países en vías de desarrollo, no solo por las precarias condiciones de salubridad, sino también por el clima que predomina en estas zonas. Entre el 20% y el 60% de los viajeros que visitan zonas tropicales padece una diarrea durante el viaje, aunque los porcentajes varían por áreas geográficas.

Asi el Oriente Medio, el subconunente indio y África de Norte por ejemplo, son las zonas de mas nesgo, seguidas del África Subsahariana, America Central y América del Sur. Como paises donde hay una menor incidencia destacan los del sudeste asiático y Asia continental.

La conducta alimentaria durante el viaje es primordial para evitar la diarrea. Por eso, cierto tipo de alimentación, la falta de medidas higiénicas personales y el uso de recipientes insalubres para comer son los factores de riesgo por excelencia. Por otra parte, las causas más frecuentes de diarrea en el viajero son las infecciones bacterianas, en el 70% de los casos, seguidas por los protozoos, parásitos unicelulares, y, por último, los virus. La mayor parte de los procesos diarreicos son leves, aunque, en muchos casos estén acompañados de cólicos, náuseas o vómitos. La duración media de estas diarreas es de tres días, y el resto son más severas o prolongadas y exigen un tratamiento adecuado según sea su causa.

La única vía de prevención de muchas enfermedades de gran prevalencia en estos destinos turísticos es la vacunación. Es decir, administrar bacterias o virus atenuados, muertos, modificados o copiados en laboratorio, en pequeñas dosis, para provocar en el organismo una respuesta inmunitaria que le proteja en un futuro contra la enfermedad que sería capaz de desarrollar aquel organismo.

Esa respuesta se consigue, en ocasiones, con una única dosis de la vacuna, mientras que. en otros casos, se necesitan varias para desarrollar la cantidad de defensas adecuada. La protección idónea, en ciertas vacunas, exige la aplicación de una dosis de recuerdo cada cierto tiempo. En el caso concreto del cólera, la eficacia de la vacuna no llega al 50%, por lo que la Organización Mundial de la Salud ha dejado de recomendarla.

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