Agregado en 08 Octubre 2008
Tags: apnea
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El objetivo del tratamiento es mantener abierta al máximo la vía aérea. Cuando existe, además, alguna cardiopatía, el tratamiento de ésta alivia de manera espectacular la apnea.
En los casos en que el problema es leves, es suficiente con modificar la postura durante el sueño. Otras veces es necesario adelgazar, colocar prótesis dentales adecuadas o llevar a cabo sencillas medidas quirúrgicas, como la extirpación de amígdalas o adenoides. Igualmente, es de ayuda suprimir, en su caso, la administración de sedantes o la ingestión de bebidas alcohólicas.
A veces, sin embargo, se hacen precisos tratamientos quirúrgicos más drásticos, como la uvulopalatofarin-goplastía, cuya finalidad es ampliar el diámetro del interior de la faringe, eliminando el tejido superfluo, o incluso la traqueotomia cuando fallan todas las demás medidas.
También se emplea la administración de oxígeno mediante presión positiva continua en las vías respiratorias con mascarilla durante la noche, tratamiento que resulta de utilidad en el 80% de los pacientes, sobre todo cuando son adecuadamente seleccionados según la localización de la obstrucción.
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A pesar de su denominación y de estar rodeada por huesos, la caja torácica no es completamente rígida, puesto que las costillas pueden moverse con respecto a la columna. Una persona delgada situada de lado con respecto a un observador, permitiría a éste ver cómo las costillas, fijas a la columna por detrás, y con una inclinación descendente hacia delante, se mueven en forma de bisagra, elevándose su porción anterior unos grados hacia arriba.
Ello permite aumentar el diámetro de la caja torácica y, por tanto, su volumen. Existen varios músculos implicados en los movimientos que hacen posible la respiración: los intercostales, que unen las costillas entre sí, y otros músculos accesorios; sin embargo, el verdadero protagonista de la respiración es el diafragma.
Este consta en realidad de dos músculos: los hemidiafragmas izquierdo y derecho, ambos con forma de cúpula. Se hallan ligados entre si por una dura membrana y están unidos al borde inferior de las costillas, separando la cavidad torácica de la abdominal. Este músculo, de color rojo y muy potente, es capaz de contraerse varias veces por minuto durante toda la vida, como el corazón, aunque de manera más anónima.
Agregado en 08 Octubre 2008
Tags: Respiración
Cuando el diafragma se contrae, sus dos cúpulas se aplanan, comprimiendo el abdomen y haciendo que aumente así la capacidad de la caja torácica. El área normal del diafragma es de unos 270 cm2, lo que significa que, con un movimiento de sólo un centímetro, la capacidad del tórax aumenta unos 270 cm3.
De este modo, un desplazamiento de dos centímetros permite que entre más de medio litro de aire, cantidad que resulta suficiente para respirar con normalidad. Así pues, la inspiración, o entrada de aire a los pulmones para la respiración, constituye un proceso activo que depende de la contracción del diafragma y otros músculos auxiliares.
La espiración, por el contrario, es un fenómeno pasivo: al relajarse el diafragma, la propia elasticidad del pulmón permite la expulsión del aire que contiene. La espiración es, por eso, un proceso más lento. Cuando se quiere forzar la expulsión del aire, el final será también activo, a expensas de algunos de los músculos accesorios, que completarán el vaciado del pulmón.
El diafragma se contrae y relaja rítmicamente, a una velocidad de unas 12 a 16 veces por minuto. Con ello se consigue el ritmo normal de Inspiraciones y espiraciones que componen nuestra respiración.
Agregado en 08 Octubre 2008
Tags: cuerpo humano
Aunque puede controlarse también voluntariamente, la respiración es una función automática que está regulada por numerosos mecanismos complejos que garantizan que su profundidad y frecuencia sean las más adecuadas para cada situación.
Los centros reguladores de la respiración se encuentran en el tronco cerebral. Reciben información sobre la cantidad de oxígeno que se necesita en cada momento por medio de receptores químicos y receptores de presión. También “toman nota” de la situación de las visceras torácicas y abdominales gracias a un largo nervio: el vago o neumogástrico. Con todos esos datos, los centros reguladores deciden la velocidad de la respiración y envían los estímulos precisos al diafragma a través de otro nervio, el frénico.
Tanto el nervio vago como el frénico son pares: constan de dos ramas, de la misma manera que hay dos ojos y dos brazos. El frénico tiene una curiosa particularidad anatómica: aunque inerva el diafragma, situado, como hemos indicado, entre tórax y abdomen, su origen está en el cuello, a la altura de las primeras vértebras cervicales.
Ello le obliga a recorrer un trayecto anormalmente largo, descendlendo por el cuello, y luego por todo el tórax, al lado del esófago, hasta alcanzar su objetivo. La razón de esta disposición es el origen del diafragma en el desarrollo del embrión: el nervio sigue la migración del órgano inervado.