Todos hemos sufrido molestos ataques de hipo en alguna que otra ocasión. Se trata de un blema tan frecuente que existen multitud de medidas caseras para ponerle remedio. El mecanismo, menos conocido, por el que se desencadena e hipo nos permite comprender algunas cosas sobre el funcionamiento de la respiración.
El hipo es una contracción espasmódica del diafragma, un músculo implicado en la respiración. Por tanto, y aunque pueda parecer algo engorroso, para comprender bien este fenómeno es preciso entender el mecanismo de la respiración.
Los dos pulmones, órganos encargados de recoger el oxígeno del aire, se encuentran en el tórax, encerrados en el interior de una estructura conocida como “caja torácica”. Es éste un espacio bien protegido: en su cara posterior se encuentra la columna vertebral, en concreto las vértebras dorsales; a los lados y por delante están las costillas, que se unen en el centro del pecho en un hueso plano, el esternón.
Por arriba existe un orificio, más o menos circular, rodeado por los arcos del primer par de costillas, que comunica el interior del tórax con el cuello; por abajo, la caja torácica está separada del abdomen por un potente músculo que forma dos bóvedas convexas hacia arriba: el diafragma. Este tiene, entre sus dos cúpulas, o hemidiafragmas, y en su parte posterior, un hueco que permite al esófago, la aorta y algunas otras estructuras pasar al abdomen. Los pulmones, por sí mismos, son extraordinariamente elásticos, y fuera de la caja torácica se contraen como se deshincha un globo, expulsando el aire que contienen.
Para que estén distendidos y permitan la entrada y salida del aire, todo el tórax se halla recubierto en su interior por una membrana, la pleura parietal, que, mediante un mecanismo de vacío, obliga a la pleura pulmonar, lámina externa de los pulmones, a adherirse a la pared del tórax, de modo que los órganos de la respiración se expandan. Una escasísima cantidad de liquido lubrica el roce entre las dos pleuras durante los movimientos respiratorios.
Este mecanismo de vacío se hace evidente al ser atravesada la pared del tórax por una herida y entrar la pleura en contacto con el aire. Cuando esto ocurre, el espacio interpleural se llena de aire a presión normal, y el pulmón de ese lado se colapsa.