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Dentro de casa Cuando son muy chiquitos, unas sillas, mantas y una colchoneta pueden convertir una habitación en un fabuloso parque de diversiones. Sólo hay que poner imaginación y surgirán montañas, cuevas y toboganes de colores.
Si son más grandes, se puede probar con juegos como, “Dígalo con mímica”, en el que deben adivinar según los gestos de su compañero, el nombre de un programa de tele, una película, etc.
• El juego de los detectives. Consiste en esconder tantos premios como chicos haya (si son muchos, equipos de dos o tres). Nosotros dejaremos papeles con pistas y dibujos por toda la casa, que los lleven de papel en papel hasta el tesoro. Si vemos a alguno muy despistado, podemos ayudar un poquito sin que nos descubran.
• Fiesta de disfraces. Con lápices de cera o pinturas y ropas viejas de mamá y papá, los chicos pueden pintarse como animales, artistas de la tele o representar una obra de teatro inventada por ellos.
• Las tinieblas. En una habitación todos se han escondido y se apaga la luz. Se pone música y uno debe entrar a oscuras y tratar de atrapar a alguien.
• El que se fue a Sevilla perdió su silla. Hay tantas sillas como chicos menos una. Mientras suene la música, ellos bailarán alrededor. Cuando se pare, todos se sentarán menos uno, que quedará eliminado. Se van retirando sillas hasta que haya un solo ganador.
• Concursos de pintura, de canciones, de chistes, de adivinar publicidades, de imitar a cantantes famosos…
Sin juegos no hay fiesta. Cuando preparamos un cumpleaños debemos concientizarnos de que, por mucho que griten, corran o alboroten los chicos ésta es su fiesta y no debemos entorpecerla bajo ningún concepto. El papel de los padres en los primeros años es primordial, ya que los pequeños necesitarán ayuda para casi todo. Una vez que crezcan, podremos sugerir juegos, participar o sólo supervisar, según la iniciativa que ellos muestren, pero nunca seamos aguafiestas.
