Encuentre un lugar privado y cómodo, puede recostarse o sentarse, manteniendo su espalda derecha en ambos casos. Cierre los ojos. Respire profundamente y al exhalar, relaje su cuerpo. Respire profundamente una vez más y al exhalar imagínese relajando su cuerpo lo más completamente posible. Su cuerpo entero está ahora totalmente relajado.
Inhale de nuevo profundamente, y al exhalar relaje su mente. Deje a sus pensamientos alejarse, flotando en el aire; deje que su mente esté quieta y serena. Respire de nuevo profundamente y al exhalar dirija su atención hacia un lugar profundo y silencioso en su interior. Entonces, imagine que camina por una bellísima vereda hacia su santuario interior. Percibe la belleza y la comodidad de la naturaleza en todo su alrededor. Usted advierte la presencia de un niño pequeño. Lentamente camine hacia el niño y observe si es niño o niña, qué edad tiene y qué está haciendo.
Permítase notar cómo se siente el niño emocionalmente. Acérquese a él y pregúntele si hay algo que quiere decirle o si quiere comunicarse con usted. Podría ser en palabras o de cualquier otra forma. Permítase recibir lo que sea que el niño quiera comunicarle. Ahora, pregunte al niño qué es lo que más necesita de usted, ahora o en su vida en general. Pase algún tiempo con su niño, ya sea jugando o simplemente sentados juntos o abrazados uno al otro. El tiene un obsequio especial para darle a usted.
Permítase recibir ahora el regalo que el niño tiene para usted. Continúe en compañía de su niño. Hágale sentir que usted quiere estar en contacto con él lo más posible, de ahora en adelante.
Terminen su tiempo juntos y despídanse de la manera que les parezca más apropiada a ambos. Vaya saliendo del santuario lentamente, sintiéndose vivo, pleno de energía, equilibrado y centrado. Empiece a conectarse con su cuerpo y cuando esté listo, abra los ojos.

