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Las diarreas causadas por salmonella son bastante comunes en los chicos. Esta bacteria llega al intestino a través de determinados alimentos, de origen animal, poco cocinados, como el pollo, las carnes rojas, los huevos, la leche no pasteurizada o el agua no clorada, o por el contacto con otros alimentos contaminados por una persona infectada. Los niños o adultos también pueden actuar como transmisores cuando sufren diarreas o en período asintomático (mientras queda alguna bacteria en su intestino) si no se lavan las manos después de ir al baño.
No se puede saber cuándo desaparece la salmonella del organismo. Es un proceso lento, pero al final las defensas del chico terminan por eliminarla. En general, los más pequeños tardan un poco más porque suelen tener menos defensas.
La bacteria se transmite por alimentos y agua contaminados.
No conviene aplicarte ningún tratamiento, mucho menos a base de antibióticos. Estos fármacos sólo están indicados cuando la infección se complica, el bebé es muy chiquito o está especialmente bajo de defensas, dado que pueden retrasar la eliminación de la bacteria.
Puede producir intolerancia a la lactosa. El pediatra recomendará a los padres que lleven las heces de su hijo a analizar cada cierto tiempo hasta que la bacteria haya desaparecido definitivamente. La salmonella provoca, a veces, una intolerancia a la lactosa que se manifiesta con nuevas diarreas. Es transitoria y el niño mejora en cuanto se sustituye la leche que está tomando por una especial sin lactosa.
