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El deporte ayuda al corazón


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El deporte es de suma importancia en la prevención de enfermedades de las vías coronarias y el corazón. El ejercicio físico regular de tipo aeróbico reduce efectivamente el riesgo de enfermedades de las coronarias. En el curso de un ejercicio físico el corazón bombea más velozmente y mejora la propia eficiencia. Los ejercicios de tipo aeróbico protegen al organismo de los riesgos de la arteriosclerosis, que pueden llevar al infarto de miocardio.

Hoy está claro: el deporte actúa seguramente contra las cardiovasculopatías. No hace mucho que se tiene esta certeza. Hacia los años 70 entre los científicos se comenzó a difundir la opinión a favor de la práctica deportiva (jogging en particular, ciclismo, trekking) en la casi seguridad de que sería bueno para combatir los daños provocados por el sedentarismo. Varios fueron los estudios que confirmaron aquella hipótesis. Las indicaciones de máxima habían llevado a concluir que los maratonistas podían ser inmunes a la arteriosclerosis coronaria. La hipótesis era sin dudas atractiva, pero bien pronto pareció científicamente atacable: en los hechos aparecieron numerosos casos de corredores y maratonistas aparentemente sanos que sufrieron un infarto durante una carrera.

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Deporte vs. enfermedad


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El ejercicio físico es una de las mejores terapias tanto en la prevención como en el tratamiento de enfermedades. ¿Sabía, por ejemplo, que para bajar la presión es excelente el ejercicio aeróbico? ¿O que para controlar la diabetes nada mejor que practicar cualquier deporte en forma moderada, ya que eso baja el azúcar en la sangre?

La terapia de la obesidad basa el 50 por ciento de su éxito en un programa regular de ejercicios físicos. Esto es en líneas generales. Obviamente en cada caso, el ejercicio indicado deberá ser establecido por el profesional según las condiciones físicas de cada paciente.

La obesidad abdominal aumenta los riesgos de muerte prematura. Hay varias razones por las que se recomienda el ejercicio físico en la prevención de las enfermedades:

1) Muchas personas mueren debido a problemas del corazón, del colon o por diabetes, tres enfermedades que mejoran notablemente con la actividad física.

2) Si todos los pacientes fuesen físicamente activos puede decirse que la mortalidad debida a estas enfermedades sería tres veces menor.

3) Sin embargo, a pesar de estos datos, son pocas las personas que se animan a abandonar el sedentarismo: por eso se es bienvenido cualquier pequeño ejercicio en la vida cotidiana de la mayoría de las personas.

Según nuestros especialistas, la condición socioeconómica no es determinante en cuanto a la práctica de una actividad deportiva tanto en el hombre como en la mujer. ¿Por qué? La típica excusa, “no tengo tiempo”, “no me siento bien“, parece esconder en realidad pereza y sobre todo falta de conocimiento acerca de la salud.

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Dientes: más vale prevenir que curar

La prevención se centra en disminuir los factores de riesgo que son dos:

•La excesiva ingesta de azúcares entre comidas.

•Mantener una rigurosa higiene bucal: cuantas menos bacterias haya pegadas al diente, menor será el peligro.

Con respecto al primer punto, lo único que se puede hacer es controlar los alimentos. Pero en cuanto al segundo hay mucho por hacer. El simple cepillado no alcanza. Para la correcta prevención, es necesario el uso del hilo dental y los palillos interdentarios, que son muy útiles para eliminar la placa bacteriana. Además, la limpieza debe efectuarse a fondo, entre cinco y ocho minutos, por lo menos una vez al día.

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La importancia del diagnostico precoz y el tratamiento que puede salvar un diente

Para poder controlar las enfermedades periodontales se debe consultar al odontólogo cada 6 meses para que haga un examen completo de la salud de los dientes. No solo es importante verificar que no haya caries sino también que las encías estén sanas. Para ello los odontólogos cuentan con un instrumento conocido como “sonda periodontal“: una aguja con marcas que, al ser introducida entre el diente y la encía, muestra cuán avanzada está la gingivitis. En las personas sanas, entra hasta un milímetro y medio. Pero cuando el paciente sufre de gingivitis o periodontitis, se hunde entre dos y hasta once milímetros, según la gravedad del caso.

La cura de las enfermedades periodontales consiste esencialmente en el raspado del sarro hasta la raíz de los dientes, previa administración de anestesia, más el alisado de las superficies porosas. Debido a que se divide la dentadura en cinco o seis sectores, el procedimiento dura igual cantidad de sesiones, de aproximadamente 45 minutos cada una.
Además de realizar esta limpieza o raspado se deben curar todas las caries, ya que su presencia permite retener una mayor cantidad de placa bacteriana, que potencia la severidad de la gingivitis a la vez que la encía inflamada impide tratar las caries.

Por lo tanto, lo que se debe realizar es una obturación temporaria de las caries, luego curar la gingivitis y recién después hacer una obturación definitiva de las caries. Finalmente, con el propósito de preparar una superficie biológicamente apta, lisa, suave y dura al tacto, se realiza el pulido.

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Enfermedades periodontales: mujeres embarazadas alerta permanente

Es común que las futuras mamás sufran durante el período de gestación algunas afecciones bucales como la gingivitis del embarazo, que consiste en la inflamación y el enrojecimiento de las encías durante los meses de gestación. Este problema se presenta por el aumento de los niveles hormonales, que puede desencadenar una respuesta excesiva de la placa bacteriana. Esta reacción hace que las encías se inflamen y enrojezcan y también es habitual que sangren durante el cepillado. Este problema se revierte simplemente con la eliminación de la placa bacteriana a través de una correcta higiene.

No obstante, si una mujer tiene una gingivitis muy avanzada, debe saber que durante el embarazo pueden realizarse todos los tratamientos necesarios para curarse.

También se le informa a la madre lo importante que es el proceso de calcificación o endurecimiento de la dentadura durante la vida intrauterina. Por eso, se le recomienda ingerir los nutrientes que le provean de una suficiente cantidad de vitaminas A, D y C, el calcio y el fósforo.

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Las diferentes clases de gingivitis

La gingivitis -también llamada inflamación gingival- es la enfermedad periodontal más frecuente. Compromete solamente la encía, y sus síntomas son la inflamación, cambio de tono y el sangrado. El problema es que cuando los microorganismos van más allá y deterioran las estructuras de soporte del diente (hueso, ligamento periodontal y cemento), se habla de periodontitis. Pero el tema no es tan sencillo como parece, porque esta enfermedad no se presenta siempre igual: de acuerdo a la edad como se produce y la forma en que aparece, se la clasifica en 3 categorías:

• Periodontitis del adulto: es la más difundida y se caracteriza por una destrucción progresiva de los tejidos periodontales. Comienza aproximadamente a los 20 años con inflamación y sangrado de las encías y a partir de los 60 el paciente experimenta la movilidad de uno o varios dientes y su eventual pérdida.

• Periodontitis de evolución temprana: es menos común, pero mucho más severa. Se manifiesta durante la infancia, la adolescencia y la juventud. El sangrado y la inflamación de las encías sobrevienen prematuramente, y a los síntomas clásicos se le agrega el movimiento anormal de algún diente.

• Periodontitis de evolución rápida: la sufre el 8 por ciento de la población mundial y aparece entre los 20 y los 40 años. Suele destruir mucho tejido en muy poco tiempo.

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Así comienzan las enfermedades periodontales

En el origen de estas enfermedades se encuentra la acción de la placa bacteriana: una película delgada, incolora y pegajosa, compuesta por bacterias, saliva y restos alimenticios, que se forma continuamente sobre los dientes. Existe una bacteria, el Streptococus Mutam, que se encuentra en pequeña cantidad en una boca sana, pero al aumentar la ingesta de azúcar (sacarosa), también se incrementa el número de estos organismos.

Las bacterias, al metabolizar el azúcar, producen ácidos que atacan la capa más externa del diente, lo que se conoce como esmalte. El azúcar es precisamente lo que ayuda a que la capa se haga pegajosa, por lo que el ácido se adhiere a los dientes prolongando su ataque. De esta forma, los microbios que integran la flora normal de la boca tienden a pegarse en la superficie del diente y a formar, tras 24 horas, una película capaz de producir alteraciones. La higiene inadecuada contribuye a que la placa se empiece a calcificar con el paso del tiempo y produzca cálculos (sarro), en cuya masa porosa anidan nuevas bacterias.

Ahora bien, si la placa toma la parte visible del diente, no es tan problemático porque el esmalte dental es liso y allí llega bien la acción del cepillo de dientes. Pero no pasa lo mismo cuando avanza y se mete debajo de la encía, porque en esa zona se adhiere mejor y es difícil de sacar. Peor aún es cuando toma la raíz, que no tiene esmalte sino un tejido. También los arreglos dentarios mal terminados, como amalgamas no pulidas o coronas separadas de la encía, pueden convertirse en hábitat de microorganismos.

Todos estos factores llevan a que se dé el primer paso hacia las enfermedades periodontales que, sin tratamiento, siguen el siguiente proceso:

• Los depósitos calcáreos que se alojan en los dientes causan irritación en las encías (gingivitis).

• Las encías se hinchan y debilitan mientras la infección progresa.

• La inflamación avanza y se desarrollan bolsas entre los dientes y las encías que contienen bacterias y pus (periodontitis).

• Poco a poco, el hueso que sostiene los dientes se debilita y los dientes llegan a ser muy móviles, es decir, que por la falta de tratamiento se puede llegar a perder alguna pieza dentaria.

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Colesterol: ¿bueno o malo?

Últimamente se ha popularizado la costumbre de referirse al “colesterol bueno” y al “colesterol malo”, lo que ha traído cierta confusión al respecto. Por un lado, es conveniente aclarar que existe un solo tipo de colesterol, y en sí no es ni bueno ni malo.

No existen distintas moléculas de colesterol, como algunas personas suponen por lo de “bueno” y “malo”, sino una sola. Sin embargo, como sucede con cualquier otra sustancia dentro de un organismo, la falta o la sobreabundancia de ella puede ser perjudicial. De aquí surge que ciertos niveles sanguíneos de colesterol son considerados buenos, normales o sanos, mientras que el exceso, principal problema en la actualidad, es malo o potencialmente peligroso para la salud.

El colesterol es transportado en la sangre por unas moléculas llamadas lipoproteínas LDL y HDL, las que frecuentemente son nombradas en los análisis clínicos. Para entender la importancia de estas lipoproteínas, veamos cómo funcionan. En el hígado se sintetiza y se destruye el 90% del colesterol que se utiliza en el organismo. El colesterol producido en el hígado es transportado hacia el resto del cuerpo por la lipoproteína LDL, la que lleva las moléculas de colesterol y las reparte a los tejidos periféricos que las necesitan. En cambio, la lipoproteína HDL tiene la función contraria, ya que recoge las moléculas de colesterol de la sangre y de los tejidos y las lleva hacia el hígado para que sean metabolizadas.

Si se pensara al hígado como una gran fábrica, la LDL sería como una lancha que sale cargada de colesterol y lo va repartiendo a lo largo de su camino, mientras que la HDL sería como una lancha que parte vacía del hígado, va recogiendo el colesterol, y lo trae de vuelta a la fábrica para su destrucción. Por eso se dice que el colesterol-LDL (colesterol transportado por la lipoproteína LDL) es “malo”, porque indica que se está produciendo en mayor cantidad y se está depositando en las arterias. Al contrario, cuando el colesterol-HDL predomina, significa que el organismo está destruyendo más de lo que produce y está limpiando a las arterias del exceso de colesterol; por eso, al colesterol-HDL (colesterol transportado por la lipoproteína HDL) se le suele llamar colesterol “bueno”.

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Una esperanza contra el colesterol

La lucha contra el exceso de colesterol se ha convertido en un tema de extrema importancia médica en las últimas décadas. El colesterol, como usted seguramente ya sabrá, es una grasa de origen animal que se adhiere a las paredes de las arterias taponándolas progresivamente cuando se encuentra en cantidades excesivas. El taponamiento de las arterias producido por el colesterol se conoce como aterosclerosis, y es el principal factor de riesgo para graves enfermedades como el infarto de miocardio (ataque cardíaco) y el infarto cerebral. Por eso, gran parte de los actuales esfuerzos de la investigación científica se orientan a encontrar mejores drogas para controlar y reducir los niveles sanguíneos de colesterol.

Recientemente, un nuevo agente anticolesterol llamado lifibrol, fue lanzado al mercado con grandes expectativas luego de que los ensayos experimentales en animales y seres humanos demostraran excelentes resultados.

El objetivo final de la lucha contra el colesterol es la prevención de la aterosclerosis y de los infartos. Por eso, los experimentos en animales se realizaron con el propósito de comprobar que la droga fuera efectiva tanto para reducir los niveles sanguíneos de colesterol como para evitar su acumulación en las arterias. Las primeras investigaciones con el agente K-12.148, primer nombre de investigación con que se conoció el lifibrol, fueron realizadas en los laboratorios Klinge Pharma de Alemania a finales de la década del 80.

Posteriormente, luego de los primeros éxitos, se iniciaron varios ensayos clínicos en animales. Estos estudios mostraron que una dosis de 50 mg diarios de lifibrol tenía capacidad para reducir en gran medida la síntesis de colesterol en los conejos. En cerdos criados genéticamente y alimentados con dietas con alto contenido de grasas, el lifibrol permitió reducir aproximadamente en 50 por ciento la síntesis de colesterol. El uso diario del medicamento durante 4 semanas también permitió disminuir la acumulación de colesterol en las arterias coronarias y en la arteria aorta de varias especies de ratas.

Los excelentes resultados conseguidos con el lifibrol en animales de experimentación permitieron que los ensayos clínicos se realizaran posteriormente en seres humanos.

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El punto G

En cuanto a la disputa entre orgasmos “clitoridianos” y “vaginales”,   actualmente está superada. De ahora en más, se sabe que sólo exis­te un orgasmo, cuyo punto de partida puede ser tanto clitoridiano como vaginal. Estos dos orgasmos no son opuestos en absoluto sino complementarios. Existiría un tercer detonador del pla­cer, a saber el famoso “punto G”, por el nombre de su Inventor, Ernst Grafenberg, un ginecólogo ale­mán que lo descubrió al in­tentar verificar la colocación de diafragmas anticoncepti­vos. Situada sobre una de las paredes de la vagina y hecha de un tejido erectible ultrasensible, esta zona de­sencadenaría en la mujer orgasmos po­derosos y re­petidos. Una observa­ción: muchos sexólogos han cuestionado su existencia durante  mu­cho tiempo, al ver que gran cantidad de mujeres no había obteni­do nada en la búsqueda de su punto G. Efectivamen­te, esta zona no es percep­tible sino después de una intensa estimu­lación vaginal. La tradicio­nal posición del misionero también es ineficaz. Las po­siciones sexuales que real­mente estimulan el punto G son aquellas en que la mu­jer está sentada sobre su pareja.

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