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Casi todo el mundo ha aprendido a leer desgranando el abecedario letra por letra, silaba a silaba, y palabra a palabra. Pero parece ser que ésta no es la única forma de hacerlo. Se impone una revolución pedagógica que ha desarrollado método de aprendizaje funcional, que consiste simplemente en aprender a leer leyendo.
Este tipo de aprendizaje ha sido defendido en los últimos años por pedagogos y psicolingüistas, quienes proponen acercarse a los textos escritos por su sentido, anticipándose a la gramática.
Cuando leemos, el ojo no se desplaza de forma continua sobre la línea, sino que actúa a saltos y fijaciones. La información recogida por el ojo, entre 4 y 5 palabras por segundo, es almacenada en la memoria sensible durante un breve instante, el tiempo que requieren la memoria de trabajo y la memoria a largo plazo para tratar las informaciones, darles un sentido y decidir qué va a ser retenido más tiempo en memoria. Según esta teoría, el momento crucial para el aprendizaje funcional de la lectura sería entre los 5 y los 8 años. Por eso, los amantes de este método ya plantearon en un Congreso de 1979 alargar la edad dedicada a enseñar a leer a los niños que necesiten más tiempo, abandonando los ritmos fijos en beneficio del ritmo personal.
Pero, como ocurre con las teorías más innovadoras, han surgido detractores de este método que lo encuentran muy peligroso, porque, por una parte, el niño aprendería mucho más tarde a leer y, por otra, este aprendizaje funcional ayuda a comprender el texto, pero no a escribir, y menos aún a no cometer faltas de ortografía.
