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La angustia existencial es la que uno siente que comparte con los demás. Eso ya no es la angustia tan ligada al yo, al ego de cada uno: “si pierdo, si no alcanzo, si no me dejan salir, si me aprisionan, si me determinan”. En cambio, esta es una angustia de la existencia, más solidaria. Cuando aquí cayó el sistema surgió algo totalmente novedoso, que es todo este espíritu solidario que a mucha gente la contuvo. No la contuvo el sistema, sino el compartir con los demás el problema. Hacer de mi problema nuestro problema.
Estamos acostumbrados y educados por el sistema a la angustia básicamente individual y a la alternativa “o te adaptas o pierdes”. Por eso que está tan “de moda” el ataque de pánico. A eso nos lleva el sistema: a controlarnos por el miedo, por el terror. No solamente aquí, esto es global. El terror y el miedo son formas de la angustia, una forma mucho más objetivizada. Cuando aparece esta apertura que mencionábamos recién, cuando el yo se convierte solidariamente en el nosotros, esa angustia pasa a ser existencial y ya el sistema no me determina tanto.
Aunque haya vivido en un sistema basado en el miedo, de golpe por algo que trasciende lo individual me uno a los otros y produzco un cambio. Esa angustia comunitaria, existencial, no paraliza. Esa angustia nos une, hace anhelar la superación. No es una angustia por la pérdida, sino por la existencia.



