A partir del segundo cumpleaños de su hijo, las transformaciones que se producen en la vida del niño están directamente relacionadas con el aprendizaje: llega la etapa del “por qué”, de querer escuchar el mismo cuento mil veces, de la adaptación a la vida familiar y de demostrar su sentido del humor. Los padres, por su parte, también aprenden: contestar a los imaginativos e insólitos interrogantes planteados por sus hijos de forma veraz y sencilla o encontrar nuevas aventuras para el pato protagonista del cuento preferido por el pequeño, requiere de aplicación y paciencia.
El amor y la dedicación de mamá y papá deben marchar paralelos a una educación orientada a lograr el crecimiento saludable y feliz de su hijo tanto en el aspecto físico como psíquico.
Nada menos deseado ni más aterrador para los padres que el pequeño tenga fiebre, le duela el estómago o se golpee. Porque además del miedo lo que suele aparecer en los padres es la culpa. Para evitar angustias inútiles es importante recordar una verdad que no por simple deja de ser valiosa: todos los niños se enferman alguna vez. Y su curación depende en gran medida de la actitud que tomen los padres. Como el sentimiento de culpa aparece ocasionando angustia y tensión, es menester recurrir al pediatra. Sin embargo, también pueden ayudar a su pequeño mediante métodos sencillos y naturales que mejorarán sin duda su estado general.
Así, deberán tener presente que:
• El niño necesita recibir estímulos e incentivos para su desarrollo. Papá y mamá deben jugar con él y establecer una comunicación fluida.
• El niño necesita realizar actividades creativas y recreativas, solo y con otros niños.
• Es imprescindible la práctica de ejercicios físicos o deportes, especialmente al aire libre.
• La alimentación debe ser balanceada y el momento de la comida, una fiesta con la familia que no admite tensiones, discusiones ni interrupciones y, preferentemente, tampoco la presencia de la televisión.
