Cuando las necesidades de dependencia normal que caracterizan a la infancia no son satisfechas, queda en nuestro interior un niño herido que condiciona nuestra vida de adulto.
La persona, aquejada por una vieja pena infantil dice cosas que no son pertinentes, hace cosas que no dan buen resultado, no puede hacer frente a los problemas y soporta terribles sensaciones que no tienen nada que ver con el presente. A veces, nos sorprendemos actuando de una manera muy infantil sin poder detener nuestra conducta inadecuada. Arranques de ira, reacciones exageradas, problemas conyugales, aducciones, paternidad inadecuada y relaciones dolorosas son expresiones, en algunos casos, de necesidades infantiles insatisfechas.
Todo niño necesita ser amado incondicionalmente, por lo menos, al principio de su vida. Si no puede verse reflejado en sus padres, el pequeño no tendrá la manera de saber quién es él. Todos hemos sido un “nosotros” antes de ser “yo”. En ese período de la vida necesitábamos saber cuánto importábamos, qué parte de nuestro ser era aceptada y merecedora de cariño y, también, nos era esencial saber que podíamos depender del cuidado de nuestros padres.
El niño despojado de estas experiencias, posteriormente contaminará al adulto con un insaciable afán de amor y atención. Las demandas de ese niño herido sabotearán sus relaciones de adulto, ya que no importa cuánta atención reciba: nada le será suficiente.
Los niños necesitan a sus padres todo el tiempo por naturaleza, no por elección. Se trata de necesidades de dependencia que deben ser satisfechas.
¿Tienes alguna consulta o problema?
Contacta con nuestros especialistas
¡Aprovecha! ¡Consultas gratis solo por esta semana!
Haz tu consulta a continuación
Contacta con nuestros especialistas
¡Aprovecha! ¡Consultas gratis solo por esta semana!
Haz tu consulta a continuación

