Aunque existen muchos tipos de meditación, todos tienen un objetivo similar: modificar la conciencia y calmar la actividad mental para lograr lo que un devoto de esta disciplina una vez definió como “un estado sosegado “de conciencia”. Las técnicas para llegar a este estado se clasifican en dos grandes categorías: la de la “concentración”, en la cual la mente se centra en un objeto determinado; y la de la “autoconciencia”, en la cual la mente se centra sobre sí misma. La técnica de concentración más utilizada es la “meditación trascendental”, que emplea un “mantra” (una palabra que se repite) como foco para lograr la concentración. Por ejemplo, repetir en silencio alguna palabra como, por ejemplo, “paz” varías veces, o contar del uno al diez una y otra vez.
Otras formas de concentración meditativa, tales como el yoga o la visualización, usan como foco la respiración, un objeto visual (una figura o una flor), o un ejecicio que puede ser, por ejemplo, alguna de las artes marciales. Muchas de las técnicas que se basan en la concentración son de origen hindú.
El propósito de todas las técnicas de concentración es el mismo: entrenar la mente para que logre una única dirección -un sentimiento de unificación con el objeto en cuestión- y deje de lado todos los otros pensamientos. La “meditación metta”, que toma su nombre de la palabra sánscrita que significa “amor”, es una de las tantas meditaciones por devoción que usan como foco la evocación de sentimientos de amor y simpatía, y que pertenecen a una tradición dedicada al servicio y la devoción.
