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No todos los alimentos son populares o gozan de la preferencia unánime de la gente, pero si tenemos que elegir uno aceptado por todo el mundo, lo más probable es que nuestros pensamientos nos conduzcan hacia el helado. ¿Existe alguien a quien no le guste? Es difícil de creer. Por sus nutritivas y refrescantes propiedades, este exquisito postre representa la opción más elegida a lo largo del año -en especial durante el verano- para saborear al final de una comida, coronar un paseo de fin de semana o disfrutar su dulce sabor.
Según se sabe, el helado tiene un origen remoto. Chinos e incas ya lo elaboraban alrededor de los siglos V y VI y sus secretos fueron introducidos en Europa por Marco Polo en el siglo XIII. Desde la lejana aguanieve azucarada que tomaban nuestros antepasados, a las elaboradas cremas heladas que se fabrican en distintas partes del mundo, sin duda ha habido una notable evolución. En gran parte de los países sudamericanos, los helados se conocen desde principios de siglo, y llegaron junto a la gran oleada de inmigrantes italianos.
Paulatinamente, fueron ganando adeptos de todas las edades y hoy se los considera un delicioso alimento natural, insustituible en la dieta.
