Se dice que la piel es el órgano más grande del cuerpo humano. Una gran verdad, si se piensa que cubre un área que oscila entre el 1,5 y los 2 metros cuadrados en una persona adulta.
A lo largo de la vida la piel transporta una densa tarea sobre sus delgadas espaldas: protege todo lo que se aloja en el interior de nuestro cuerpo de la erosión exterior, y mantiene abierta una línea de contacto entre ambas partes. La piel de los hombres de las cavernas era mucho más compleja que la nuestra. Intervenía en los procesos digestivos, la respiración y la eliminación de los productos de desecho.
Ni bien el tracto digestivo adquirió una longitud mayor, cada vez menos piel tomaba parte en los procesos internos y entonces, como ocurrió con otros órganos, se especializó. Sus mayores responsabilidades tuvieron que ver con la protección y la comunicación. Sus dos capas principales, la epidermis y la dermis están especialmente capacitadas para ocuparse de ello.
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