Las angustias inevitables

Las crisis vitales que tienen que ver con el crecimiento de una persona, siempre se atraviesan con angustia. Entrar en la adolescencia, hacerse abuelo, jubilarse son circunstancias propias del proceso vital y cada uno lo tramita como puede.
Una mujer que llega a los cuarenta años y no se siente satisfecha con ningún aspecto de su vida va a atravesar esa crisis en peores condiciones, y por lo tanto va a requerir ayuda, que una mujer que está contenta con sus logros, con sus hijos, con su marido.
Cuando uno, al hacer un balance de su vida, puede reconocer tanto lo que pudo hacer como lo que no pudo hacer y de alguna manera siente que su balance es positivo, aunque le queden metas pendientes, va a atravesar mucho mejor las crisis vitales.
Si en cambio en esta circunstancia de la vida en que está más vulnerable, uno se siente completamente insatisfecho probablemente no logre sobreponerse a la angustia y entre en una depresión.


