La angustia existencial

Hay una forma de angustia que podemos llamar básica porque es parte de la condición humana. Sucede cuando al apagar la luz y quedarse solo con la almohada uno se hace la pregunta crucial:
-¿Quién soy? Y por supuesto ante la dificultad de encontrar una respuesta definitiva uno revive la angustia primordial, la del nacimiento cuando ha sido separado de la madre, y se da cuenta de que está solo.
La mejor forma de calmar la angustia existencial es la de tener claro su proyecto de vida. La angustia del sentido de la vida sobreviene cuando uno siente que su vida no tiene ningún significado cuando no puede encontrar sus metas y dar algo al mundo. Y paradójicamente es en ese vacío angustiante donde uno puede inspirarse para hacer un acto creador. En algún momento hay que hacerse cargo de esto y cuando a la mañana sale el sol seguir un poquitito más encaminado como lo estuvo en su soledad mientras dormía, en dejar de vivir una vida meramente reproductiva como sería la vida del animal- evitando así llegar a los 50 años y decir ¡Qué viejo que estoy, cómo se me pasó la vida!. Lo verdaderamente angustiante sería que transcurrieron años nada más y a uno no le pasó nada.
Cuando uno está muy sujeto a cosas extemas evita encontrarse con esa soledad, se distrae, pero la trampa es que también se aleja de la posibilidad de crear algo propio. El único momento que uno tiene para crear algo es alejarse del mundo, no aislándose sino abandonando la atadura a la idea de lo que soy o la imagen que doy al mundo.
Si uno se saca los roles dados por la sociedad en la que vive (madre, maestra, marido, contador), en esa Nada en la cual se encuentra le quedan dos posibilidades: se angustia y trata de evitarla a cualquier precio o hace algo creador: escribe, pinta, charla con la gente. Si uno está todo el tiempo ocupado en lustrar esa imagen que quiere dar no tiene tiempo para ocuparse de aquello a través de lo cual va a hacer trascender en la vida.


