Sarvangasana, una asana a fondo

Técnica de la Sarvangasana: Acostado sobre un tapete o colchoneta, con tas brazos a los costados del cuerpo; se respira un par de veces por la nariz relajando al exhalar; con una media inhalación se elevan las piernas hasta formar un ángulo recto con el tronco; se exhala y se vuelve a inhalar para tomar fuerza y llevar las piernas hacia atrás, paralelas al piso, empujando con las manos en el suelo y levantando así la cadera.
Tomarse la espalda colocando las manos en el centro y sostener la columna mientras se elevan las piernas hacia el techo. En lo posible: debemos intentar estabilizarnos irguiendo el tronco, glúteos y piernas al pecho, y los codos bien firmes como cuñas. Luego comenzar a respirar en forma regular, siempre por la nariz. Permanecer en esta postura si es posible 5 minutos (dependiendo del estado físico).
Para descender, hacemos el camino inverso: se llevan las piernas hacia atrás a postura de equilibrio, se apoyan las manos en el suelo (resistiendo para bajar lentamente) levantando la cabeza y curvando la espalda, vamos apoyando una a una las vértebras con mucho control hasta apoyar la cadera (todo ello acompañado por la respiración).Luego, sin descender la cabeza inhalamos y acariciando las piernas las hacemos descender lentamente desplegando el cuerpo de a poco y exhalamos. Volvemos a inhalar y exhalando con un MHAAA… relajamos la cabeza, los brazos y los pies.
Aquellas personas que no logran erguirse por sí mismas pueden utilizar un apoyo adicional como una banqueta o contra la pared. Recordemos que ante cualquier duda o molestia que surja hay que deshacer la asana y consultar con un instructor. Es deseable ir aumentando el tiempo de permanencia hasta llegar a 15 minutos en alumnos avanzados.
Los beneficios de esta asana son múltiples: Actúa sobre las glándulas tiroides y paratiroides activándolas. Como en todas las posturas de inversión la sangre purificada desciende por efecto de la gravedad irrigando cuello y tórax (aliviando en caso de palpitaciones, ahogos, asma, bronquitis, etcétera). También favorece la irrigación cerebral disminuyendo la tensión nerviosa (aquellos que padecen de aceleramiento y excitación nerviosa en cabeza, elimina resfríos, rinitis y combate el insomnio.
Los órganos abdominales se ven favorecidos: combate el estreñimiento, los trastornos urinarios y menstruales, prolapso, hemorroides, úlcera gástrica o intestinal, dolores de vientre, colitis, favorece a los ríñones, etcétera. Combate también la anemia, ayuda a aliviar la epilepsia y, además, contribuye a descongestionar várices.
Como vemos, sus aplicaciones son múltiples y en definitiva otorga un bienestar a todo el cuerpo devolviéndole vigor. En caso de hipertensión arterial es mejor abstenerse de aplicarla sin la supervisación adecuada. Después de realizarla nos quedamos descansando unos segundos en Savasana (postura de relax).
Al proponernos realizar una asana debemos tener en cuenta que ello no consiste en la mera contorsión del cuerpo. Es más importante el estado interior alcanzado que la forma física en sí. A medida que avanzamos vamos entregándonos con fluidez para fundirnos en ella. Concretar la asana no es hacerla, sino ser uno con ella.


