Sexo, placer físico y emocional, tiempo de aprender a amar

Al evaluar el rendimiento sexual generalmente se hace en términos de simples cálculos numéricos. Se es buen amante si se tienen tantos orgasmos por sesión o si se mantienen una cierta cantidad de encuentros sexuales por semana. Este mito sigue vigente a pesar de que los sexólogos se cansan de repetir que en materia de sexualidad es fundamental atender a la calidad.
De nada sirve batir récords de productividad, ya que el sexo no es un bien económico. Mucho menos un deporte de competición cuyos resultados se comparan en los vestuarios.
El valor que tiene el sexo en la vida de cada uno es una cuestión muy personal, para la que no existen tablas de medición. Pero una cosa es cierta. Una buena sexualidad es una fuente inagotable de placer físico y emocional. Esto último es precisamente lo que muchas veces queda relegado a un segundo plano.La preocupación por el buen desempeño, por rendir lo suficiente, hace que frecuentemente se olvide la importancia de compartir los sentimientos con el compañero. Sin embargo quienes aprendieron a gozar plenamente de su sexualidad coinciden en afirmar que su secreto se debe a que sus relaciones van mucho más allá de un simple contacto genital.
En cada encuentro se ponen en juego emociones tan diversas como la ternura, el humor, la alegría y la pasión. Y hasta se permiten manifestar libremente el miedo o la tristeza.
Estos aspectos de la comunicación sexual forman parte de un largo aprendizaje que se realiza a través del tiempo. Si se tienen en cuenta estas afirmaciones es posible deducir que las claves para prolongar una vida sexual reconfortante son sencillas:
- El conocimiento mutuo, en el caso de dos personas que llevan suficientemente tiempo juntos.
- Conocer cómo responde el propio cuerpo ante diversos estímulos,
- Desarrollar la capacidad de desplegar todos los sentidos al hacer el amor.
- Expresar sin pudores y sin temor a ser enjuiciados negativamente aquello que se siente.

