La antigimnasia, sin esfuerzo
Todos los movimientos cotidianos pueden desembocar en una contractura o tensión muscular. Para solucionarlo no se debe tratar sólo a una zona sino al cuerpo entero como una totalidad.
En este momento, en el lugar preciso en que usted se encuentra, hay una casa que lleva su nombre. Usted es su único propietario, pero hace mucho tiempo que ha perdido las llaves. Por eso permanece fuera y no conoce mas que la fachada, por lo tanto no vive en ella. Esa casa, es su cuerpo. Todos sus pensamientos, sentimientos y movimientos se originan allí, en su interior; no vienen impuestos desde el exterior.
No hay nada en ellos de místicos o de misterioso. Su objetivo no estriba en escapar del propio cuerpo, sino en evitar que el cuerpo continúe escapándose de nosotros, y la vida con él.
Por eso, estos movimientos que no son ni ejercicios ni gimnasia, se denominan con una palabra que puede hacer comprender que el cuerpo de un ser y su vida son una misma cosa y que no vivirá a pleno si previamente no despertó las zonas muertas de su cuerpo. Esa palabra es: antigimnasia. Esta técnica le permitirá controlar músculos que actualmente usted ni siquiera es capaz de situar en su cuerpo. ¿Para qué sirve esto? Muy simple: para curar y aliviar dolores que a menudo no se sabe de dónde provienen.Este método se basa en el concepto que Frangoise Méziére desarrolló a partir de la observación de personas con dolores de columna. Ella descubrió que el problema de las personas con dolores o desviaciones en la columna no residía en la debilidad de la musculatura posterior, sino en su exceso de fuerza.
Por lo tanto, llegó a la conclusión de que no se trata de fortificar los músculos de la espalda, ya excesivamente contraídos, ni de ayudarlos a sostener mejor las vértebras, sino al contrario: hay que estirar los músculos posteriores para que dejen de tirar de las vértebras que son, en definitiva, los que mantienen en arco cóncavo a la espalda. La explicación en la que se basa su descubridora es bastante simple: el acortamiento de los músculos posteriores no sólo se debe al esfuerzo por mantener el equilibrio, sino a todos los movimientos de media y gran amplitud ejecutados por los brazos y las piernas, que están relacionados con la columna vertebral.
Cada vez que levantamos los brazos por encima de los hombros, cada vez que apartamos las piernas más de cuarenta y cinco grados, los músculos de la espalda se acortan. El acortamiento y la contracción de los músculos posteriores se acompañan siempre de la rotación interna de los miembros produciendo el bloqueo del diafragma. Por lo tanto es contra ese acortamiento contra el que hay que luchar. Pero lo esencial de su descubrimiento radica en que, al eliminar la curvación de un segmento de la columna vertebral, se la desplaza a otro segmento.
Por ejemplo, corrigiendo la curvatura de las vértebras lumbares se hunde la nuca, y viceversa. Alargando un músculo posterior, cualquiera que sea, provoca el acortamiento de los músculos posteriores en su conjunto, que se comportan como si formaran un solo músculo extendido desde la cabeza hasta la planta de los pies.
La conclusión es la siguiente: es necesario considerar y tratar al cuerpo como una unidad, tomando en cuenta, no una multitud de síntomas, sino la única causa de sus deformaciones: el acortamiento de toda la musculatura posterior, efecto inevitable de los movimientos cotidianos del cuerpo.


