El sexo en la tercera edad
Si usted creía, después de doblar el codo de los cuarenta, que el sexo era algo asi como un borroso recuerdo del pasado, mejor que vaya cambiando de opinión. A esta edad todavía se puede aprender a disfrutar de la sexualidad como el más travieso de los adolescentes.
Un mito muy difundido es que los años vienen acompañados de problemas físicos que repercuten en un descenso del rendimiento sexual. Nada más alejado de la realidad. El apetito sexual no sólo se mantiene intacto a lo largo de los años sino que incluso la capacidad para disfrutar en el terreno sexual se incrementa considerablemente a medida que aumenta la experiencia.
Sin embargo es muy grande el número de personas que un buen día deciden que ya no están para esos trotes y optan por retirarse del juego, sin atreverse a admitir que todavía sienten interés por el sexo. Lo que frecuentemente sucede es que las represiones sociales, el temor a hacer el ridículo, la sensación de no verse tan atractivo en una sociedad que idealiza a la juventud, actúan como eficaces inhibidores del deseo sexual.
Pero lo cierto es que nada reemplaza a la experiencia, algo que sólo puede acumularse a través de los años. Del mismo modo que uno se vuelve más hábil en su oficio, en su profesión o en la práctica de un arte, la actividad sexual se perfecciona mediante la experiencia que dan los años de conocimiento del instrumento con que se ejecuta: uno mismo.


