Aprender a valorarse en la medida justa

Para dejar de sentirse inferior es fundamental conocer la autolimitación. Tener deseos grandiosos sobre uno mismo o pensar que uno es fantástico o extraordinario, no lleva a la posición de autoestima. Hay que saber reconocer qué es lo que uno tiene para dar y a partir de allí hacer los progresos necesarios para superarse a sí mismo.
Cuando el sentimiento de baja autoestima surge a partir de defectos físicos notorios muchas personas intentan corregirlos recurriendo a tratamientos cosméticos o la cirugía estética. Piensan que de este modo dejarán de sentirse acomplejados. Sin embargo no siempre lo consiguen. Ello sucede porque las modificaciones externas sólo pueden ser útiles si uno cambia también la actitud frente al mundo. Es verdad que uno cambia cuando se ve mejor.
Quien tiene una nariz horrible y la modifica ya no se preocupa por ocultar su perfil. Alguien que está gordo al bajar de peso se va a sentir mejor. Si una persona se ve arrugada y se hace un lifting se va a sentir distinto. Se puede reparar cualquier cosa con cirugía, y para mí vale. Pero, ¡atención!: lo que no se puede reparar es la mirada interna.
No hay una cirugía reparadora de nuestro interior: la tristeza o la sensación de fealdad interna van a continuar. Por eso es fundamental acompañar estos cambios haciendo las correcciones necesarias en la forma de encarar la vida. Suele ser muy útil la consulta terapéutica orientada a desarrollar el self, el sentimiento de sí mismo.
Cuando ese sentimiento es débil, a lo largo de una hora uno puede oscilar entre sentirse bien-mal, bien-mal, bien-mal según cómo lo miren los demás. En la terapia se intenta encontrar el punto justo de la propia valía, que no va a ser tanto como nos halagan, ni tanto como nos desprecian.


