Aceite de hígado de bacalao
Hoy es posible incorporar a nuestro organismo esta rica fuente de nutrientes sin necesidad de padecer su desagradable sabor.
En el antiguo Egipto se acudía a las propiedades curativas del hígado de algunos peces para corregir cierto tipo de ceguera nocturna, una enfermedad que hoy sabemos, está provocada por la deficiencia de vitamina A. En el siglo pasado, las madres francesas e inglesas obligaban a sus hijos a tomar aceite de hígado de bacalao para combatir la delgadez.
Hoy se sabe que el raquitismo es una consecuencia de la ausencia de vitamina D. Precisamente ambas vitaminas se encuentran en abundante cantidad en este aceite. Por eso es tan eficaz para suministrar a nuestro organismo las cantidades necesarias de nutrientes y de este modo prevenir diversos problemas causados por la ausencia de estas vitaminas.
Quienes han tenido la penosa experiencia de probarlo en estado puro durante su infancia, aún pueden recordar su sabor desagradable. Hoy gracias a la dietética moderna, podemos consumirlo envasado en pequeñas cápsulas de gelatina natural, sin ese sabor característico y que, además, resguardan al aceite de hígado de bacalao del contacto con el aire, evitando su oxidación.


